martes, 26 de enero de 2010







La Rosa

observo como mi mente refleja
el momento en el que te deje ir
y la lagrimas se hacen camino
de mis ojos a mi piel

solo fue una pesadilla
dice mi mente
que necesita sentirlo así

comienza un día nuevo
al igual que una esperanzan
que lo único ansia
es que algún día tu te vallas

para así dormir en paz
y colocar todas mis fuerzas
en encontrar algún día
algo que la gente llama
felicidad





ETERNA SOMBRA

Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha.
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.


Miguel hernandez



EL NIÑO DE LA NOCHE

Riéndose, burlándose con claridad del día,
se hundió en la noche el niño que quise ser dos veces.
No quise más la luz. ¿Para qué? No saldría
más de aquellos silencios y aquellas lobregueces.

Quise ser... ¿Para qué?... Quise llegar gozoso
al centro de la esfera de todo lo que existe.
Quise llevar la risa como lo más hermoso.
He muerto sonriendo serenamente triste.

Niño dos veces niño: tres veces venidero.
Vuelve a rodar por ese mundo opaco del vientre.
Atrás, amor. Atrás, niño, porque no quiero
salir donde la luz su gran tristeza encuentre.

Regreso al aire plástico que alentó mi inconsciencia.
Vuelvo a rodar, consciente del sueño que me cubre.
En una sensitiva sombra de transparencia,
en un íntimo espacio rodar de octubre a octubre.

Vientre: carne central de todo lo existente.
Bóveda eternamente si azul, si roja, oscura.
Noche final en cuya profundidad se siente
la voz de las raíces y el soplo de la altura.

Bajo tu piel avanzo, y es sangre la distancia.
Mi cuerpo en una densa constelación gravita.
El universo agolpa su errante resonancia
allí, donde la historia del hombre ha sido escrita.

Mirar, y ver en torno la soledad, el monte,
el mar, por la ventana de un corazón entero
que ayer se acongojaba de no ser horizonte
abierto a un mundo menos mudable y pasajero.

Acumular la piedra y el niño para nada:
para vivir sin alas y oscuramente un día.
Pirámide de sal temible y limitada,
sin fuego ni frescura. No. Vuelve, vida mía.

Mas, algo me ha empujado desesperadamente.
Caigo en la madrugada del tiempo, del pasado.
Me arrojan de la noche. Y ante la luz hiriente
vuelvo a llorar desnudo, como siempre he llorado.

Miguel hernandez

miércoles, 20 de enero de 2010






soledad



Soledad, ya te llevaste tres otoños.
Ya dibujaste sobre las nubes cada amanecer.
Hoy te traigo mis sabanas frías,
el sonido del sol que se acompaña de agonía.


Te traigo un yigüirro herido,
Que me canta todas las mañanas.
Mis poemas de Neruda empolvados,
hace 730 días que no los utilizo.


Soledad, canta con las estrellas,
yo haré la melodía.


Lee mi carta de renuncia,
y tira al mar a tu amigo el miedo.
Ahógate en las lágrimas,
del ciervo que brama entre mi alma .


Soledad, tiñe mi alma de color,
Del color de su voz suave.
Soledad, hazme un solo favor,
por esta vez déjame con libertad.

Ya van dos inviernos,
deseo que este sea,
mi ultimo verano contigo.


Las sonrisas frescas como la hierba
quieren morir entre flores.

Las eternas lunas nuevas,
quieren besar las ilusiones.

Soledad hoy quemo tus ojos.
Soledad hoy te vas.
Soledad, ve y descansa en paz.




Besos

Quisiera refugiarme en tus brazos
en mis momentos de hastió y dolor;
saborear la dulce miel de tus besos
y fundirme con el fuego de tu calor.

Quisiera colmarte de besos
estremecernos hasta el amanecer.
Sentir tu piel que me atraviesa el alma
¡de tanta dicha voy a enloquecer!

Quisiera vivir en tu fantasía
y ser parte de tu gran anhelo
saborear el más dulce veneno
de tu piel, tu cuerpo y tu aliento.

Quisiera estrecharte en mis brazos
y enredar mi cabello en tu pecho
empaparme de tu aroma de hombre
colmarte todo de dulces besos.

miércoles, 13 de enero de 2010






Miedo de tu amor


Tengo miedo de tu piel,
porque me tiene atrapada
como una mosca en la miel.
Me dan pánico tus labios,
porque después de bésalos,
te juro cariño mío,
lo dulce me sabe amargo.
Me da miedo tu mirada,
bella, tibia, limpia, clara,
porque al cruzarme con ella
dentro de tus ojos vivo
y fuera no existe nada.
Tengo miedo de quererte,
porque después de probarte,
vivir sin poder tenerte
no es vida, es mil veces muerte




La voz del silencio
 
La voz de mi silencio
grita, otras veces calla
sobre todo suspira
al sentir que algo falla.
 
La voz de mi silencio
me impulsa a ser consciente
de que esto ya esta muerto
de que es algo evidente.
 
La voz de mi silencio
llora a gritos tu ausencia
al ser casi imposible
ser de nuevo tu esencia.
MeRieM





Poema 16


En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sueños.

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios:
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.

En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.




Poemas de Pablo Neruda

martes, 12 de enero de 2010





Poema 17


Pensando, enredando sombras en la profunda soledad.
Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie.
Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes,
enterrando lámparas.
Campanario de brumas, qué lejos, allá arriba!
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías,
molinero taciturno,
se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad.

Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa.
Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti.
Mi vida antes de nadie, mi áspera vida.
El grito frente al mar, entre las piedras,
corriendo libre, loco, en el vaho del mar.
La furia triste, el grito, la soledad del mar.
Desbocado, violento, estirado hacia el cielo.

Tú, mujer, qué eras allí, qué raya, qué varilla
de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.
Incendio en el bosque! Arde en cruces azules.
Arde, arde, llamea, chispea en árboles de luz.
Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio.
Y mi alma baila herida de virutas de fuego.
Quien llama? Qué silencio poblado de ecos?
Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad,
hora mía entre todas!

Bocina en que el viento pasa cantando.
Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo.
Sacudida de todas las raíces,
asalto de todas las olas!
Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma.

Pensando, enterrando lámparas en la profunda soledad.
Quién eres tú, quién eres?




Poemas de Pablo Neruda




Dame la mano

Dame la mano, tu amistad, y en la distancia un fuerte abrazo,
Aunque tangiblemente no estés yo te veré en el ocaso, para mí
Eres un recuerdo permanente, te llevaré en mi mente aunque sea
Como amiga únicamente.


Mi amiga hermosa, mi ángel de luz, se que lo que siento también
Lo sabes tú, bienaventurado yo que encontré tu amistad, aunque
Mi deseo era amarte sin piedad.


Solo queda resignarme a hacer ser tu amigo y esconderme en el
Silencio para olvidar algo divino, y otra vez el destino ha jugado
Conmigo.


Eres un ser especial y en mi vida has quedado plasmada, gracias
Por los deseos y las buenas bendiciones, aunque lo nuestro no
Puede ser nos llevamos en nuestros corazones.


Amiga imborrable eres una huella incurable, eres mi consuelo en
La distancia, fuiste la persona que quise con ansias.

domingo, 10 de enero de 2010





A mi madre

Te fuiste de mi lado.
En silencio fue tu partida.
Mi corazón se ha desangrado
por tan súbita despedida.

Tu espíritu luchador
a la vida se aferraba.
Más Dios, desesperado,
a Su lado te llamaba.

En ángel te has convertido.
Velando por nosotros estás.
Aguardando que se cumpla la cita
de reunirnos en la Eternidad.

Sin embargo, me parece tan lejos...
Quisiera ahora poderte abrazar.
Te busco, te llamo. No te encuentro.
Dime... ¿Cómo me he de consolar?

Tu amor incalculable
mis faltas por alto pasó.
Porque el querer de una madre,
ese, no tiene comparación.

Sé que en el cielo habitas.
Al lado de Dios has d estar.
Aguardaré paciente el día
en que nos volvamos a encontrar.

Entonces será para siempre.
Nada ni nadie nos podrá separar.
No temeré cuando llegue mi momento
pues tu presencia me confortará.

Me esforzaré por ganar el cielo
para no perderte nunca más.
Mientras tanto, guía mis pasos.

Ilumina mi senda. Enséñame el camino.
Que tu presencia me rodeé siempre
hasta que se cumpla mi destino

sábado, 9 de enero de 2010





Historia de dos corazones

Es esta la historia de dos corazones solitarios
que vagaban por el mundo, ya cansados,
con gran tristeza pues nunca habían amado.
¡Hastiados estaban de vivir olvidados!

Por más que buscaban, nadie les hacía caso.
Lloraban pues todos rechazaban su amor.
Tocaban miles de puertas, con insistencia,
saturados de fe, esperanza e ilusión.

¿Quién respondería al llamado
de estos dos corazones desencantados?
Todos estaban adentro, muy ocupados,
sin tiempo para atender un reclamo desesperado.
Y los pobres corazones estaban tan heridos...

¡Nadie atendía sus súplicas! ¡No tenían amigos!
Tanto amor que en su interior atesoraban
¡Es demasiado vivir sin amor ni cariño!
¡Pobres corazones que vagan en la oscuridad

sin poder compartir su eterna soledad!
Un día, sin querer, ellos dos tropezaron.
Tímidamente, a los ojos se miraron.

Hablaron pocas palabras. Unos pasos caminaron
y así descubrieron que no podían estar separados.
Desde entonces estos dos corazones
viven radiantes, como los girasoles.

Ya no hay tristeza pues al final del camino
encontraron, sin buscar, el amor desconocido.

viernes, 8 de enero de 2010





Dolor

Aunque sé que nunca obtendré
el cariño de tus abrazos
yo lo mismo te querré

con el corazón hecho pedazos.
¡Cuanto aman los que sufren,
y los que aguardan en silencio!

Porque en la ilusión se funden
al no despertar de un sueño.
Y aunque no sea posible
me aferro a tu recuerdo
que me angustia noche y día

como el mas viejo de los secretos.
A pesar del sufrimiento
como quiera por siempre te amaré
Nadie podría evitarlo...

Eres mio, es lo único que sé.




Poema 19


Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.




Poemas de Pablo Neruda

jueves, 7 de enero de 2010





Conjuro


De una inscripción en la arena,
abandonada al viento:
...te convoco y te condeno
a que no puedas cerrar los ojos sin verme,
abrir los labios sin llamarme,
saciar la sed sin sentir en tu boca la mía,
tocar tu cuerpo sin creer que me acaricias,
doblar una esquina sin la esperanza de hallarme,
alzar el teléfono sin oír en mi voz tu nombre,
abrir un libro sin leer estas palabras,
porque el único amor que me hace falta es el tuyo,
y lo necesito de esta manera desmesurada en que yo,
sediento del abismo de tu carne,
te conjuro y te convoco para que ardas en el deseo de la mía,
que no puedas despertar sin sentir la urgencia de encontrarme,
ni caminar si no es para buscarme,
ni desnudarte sin esperar que mis dedos rocen tus pezones,
ni recostarte sin desear sobre el tuyo el peso de mi cuerpo,
ni abrir la boca sin probar el espesor de mi saliva,
ni vestirte de sombras y de luces sin tener la urgencia de que te penetre,
ni dormir si no has gritado una vez mi nombre.
que no haya en tu memoria mas recuerdo que mis caricias,
ni en tu esperanza otro refugio que mis brazos,
ni en tus manos otro tacto que mi rostro,
ni en tus oídos otra huella que mi voz,
ni en tus ojos otra sombra que mi éxtasis,
ni en tu olfato otro perfume que mi sexo,
ni en tu lengua mas sabor que el de mi piel.



Poema 20


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.




Poemas de Pablo Neruda